No te descubrimos nada nuevo si te decimos que existen algunas emociones que se gestionan con relativa facilidad, mientras que otras, cuando aparecen, tienen la capacidad de desbordarlo todo. ¿Cuáles son las primeras clasificadas dentro de esta categoría? No hay dudas al respecto: la ira, la tristeza y el miedo. A veces son realmente complejas de manejar, pero cuando se entiende cómo actúan, el panorama cambia mucho. ¿Quieres saber mucho más? Te lo contamos en este nuevo artículo de Emociónate, tu centro de psicología de Vigo especializado en gestión emocional.
La ira: cuando el cuerpo va por delante de la mente
La ira es una de las emociones de activación más rápida. La podemos sentir cuando algo se percibe como una amenaza o una injusticia, situaciones que provocan que la amígdala dispare una respuesta antes de que el córtex prefrontal, que es la parte del cerebro que razona y evalúa, tenga tiempo de procesar lo que está ocurriendo. Por eso resulta tan difícil "pensar" cuando se está enfadado: literalmente, la parte racional del cerebro está siendo superada por la respuesta automática.
A esto se suma que la ira tiene una función de protección muy arraigada y que muchas personas han aprendido a usarla como escudo frente a emociones más vulnerables, como el miedo o la tristeza. Regular la ira implica, en muchos casos, trabajar primero lo que hay debajo de ella, algo que puedes hacer con la ayuda de nuestros psicólogos en Vigo.
La tristeza: la emoción que la cultura enseña a silenciar
La tristeza es incómoda para quien la siente y para quienes la rodean. Uno de los problemas con la tristeza es la forma de gestionarla: el entorno social tiende a interpretarla como un problema que resolver o como una señal de debilidad, provocando que muchas personas quieran suprimirla antes de que pueda procesarse. Pero la tristeza no procesada no desaparece: se instala, se cronifica o reaparece en forma de apatía, irritabilidad o vacío.
El miedo: la emoción que crece con la evitación
El miedo es la emoción que más se retroalimenta con la propia conducta. Cuando se evita aquello que genera miedo, la amenaza percibida no disminuye, sino que aumenta, porque el cerebro interpreta la evitación como confirmación de que el peligro era real. Con el tiempo, el miedo puede expandirse a situaciones cada vez más amplias y limitar de forma significativa la vida cotidiana.
Regular el miedo requiere exposición gradual y tolerancia a la incertidumbre, dos procesos que resultan muy difíciles de sostener sin herramientas y, en muchos casos, sin el acompañamiento de profesionales especializados en gestión emocional.
¿Quieres trabajar la gestión emocional con nuestros psicólogos de Vigo?
Podemos ayudarte a gestionar la ira, el miedo o la tristeza. O cualquier otra emoción que no puedas controlar correctamente. Lo único que tienes que hacer es pedir cita con nuestro equipo: en Emociónate tenemos especialistas en psicología en Vigo que sabrán cómo ayudarte.